Las leyes básicas de la vida. Ley Treinta y tres.



Ley del Decreto.
Los espíritus guardianes son los intermediarios de la energía de nuestra plegaria ante la Deidad. 
Los que sólo tienen una comprensión desde el mundo físico, sólo creen en lo que pueden ver, oír o sentir y tienen un concepto limitado de la inmensidad del Universo, viven en la tercera dimensión.
Cuando reconoces que eres un ser espiritual, los impulsos materiales se vuelven menos importantes, somos más confiados y trabajamos en cooperación con los demás. Seguimos nuestra sabiduría interior y nos facilita la entrada en cuarta dimensión. Cuando llegas a la quinta, te conviertes en maestro y asumes la responsabilidad de crear nuestra propia realidad y somos los dueños de nuestro destino, participamos de la creación con la Divinidad. 
Eres un maestro cuando no culpas a nadie ni a nada de tus circunstancias y te comunicas con la jerarquía espiritual de luz. 

Un decreto ordena al Universo que obedezca tus órdenes. Cuando dictas un decreto, el Universo se pone en marcha para cumplir tu orden. Hay que hacerlo con humildad, sabiendo que estás al servicio del planeta, ordena con autoridad y claridad y en voz alta. Antes de comprometerte con un decreto, escucha a tu guía interior, y decide con cuidado cuál va a ser tu decreto,  
escríbelo y mira que sea positivo: “en nombre de Dios y de todo lo que es luz, por la gracia, yo decreto que…… que así sea”, repítelo 3 veces. Observa los resultados. 

Lo exterior es un reflejo del interior. Si pides paciencia, te vendrán lecciones que requieran paciencia y lo que decretes, vendrán lecciones para ponerte a prueba, no obstante, los decretos te ofrecen una ruta rápida para que adquieras la cualidad que estás intentando desarrollar en tu vida. 
Podemos decretar para que haya más luz en la Tierra y eso ayudaría a crear un mundo más feliz. Cuando dictas un decreto el poder del Universo lo apoya totalmente. Las afirmaciones y las plegarias se repiten y el decreto se realiza una sola vez.
Abrazo de viento a tu corazón.









 

Las leyes básicas de la vida. Ley Treinta y dos.



Ley de las Bendiciones.
Cuando bendices a alguien estás invocando la energía divina para que llegue hasta él y un rayo de luz divina pasa a la persona que estás bendiciendo. 
En las culturas orientales la bendición se llama darshan. La mera presencia de un avatar o maestro o iluminado es una bendición: Sai Baba en el ashram en Puttaparthi cuando ofrece el darshan, una llama cósmica dorada sale del centro de su corazón y entra en el tuyo. Amnam la madre del abrazo, cuyo mensaje es amor y tolerancia, irradia luz y compasión, cuando da el darshan después de abrazarte te mira a los ojos y transfiere energía divina a tu corazón. 
No puedes recibir la bendición de un avatar sin sentirte transformado hasta lo más profundo de tu ser. 

Cuando bendices los alimentos y das las gracias por ellos, realizas un gesto que está cargado de energía divina. La fotografía kirlian, puede captar la energía de los alimentos. Cuando la bendecimos la comida recobra su fuerza vital, toma los alimentos en los que se han recitado mantras. Bendice tu trabajo y estará lleno de alegrías, bendice a las personas que te rodean y se sentirán felices y realizadas, bendice tus plantas y crecerán con fuerza, bendice tu hogar y se convertirá en un lugar de paz, bendice tu cuerpo y será un templo para tu espíritu. 
Bendice a todo el mundo y llénalos de energía divina, y tú te abrirás a las bendiciones del Universo. En nombre de Jesucristo, pido que estos alimentos sean bendecidos. Bendigo mis manos, mi trabajo, mis relaciones, mi pareja, mis hijos, que mi parte divina te bendiga.



Abrazo de viento a tu corazón.

Las leyes básicas de la vida. Ley Treinta y uno.



Ley de la Gratitud.

Gratitud significa dar las gracias desde el corazón y entonces la energía fluye desde el corazón y activa ciertas respuestas en otras personas y en el Universo. 
Cuando se siente la energía de gratitud se siente tan contenta que todavía quiere dar más. La energía divina responde amorosamente otorgándote nuevas bendiciones. 
La gratitud de corazón es una llave para la abundancia. Abre la puerta de los grandes recursos del Universo. Cuando juzgas y criticas, vives en un infierno, es lo opuesto a la gratitud y el reconocimiento. El cuerpo se tensa. Hay una salida del infierno hacia el cielo, reconocer con compasión que la persona ésta herida. 
Las personas felices, no perjudican a nadie. Encuentra una cualidad en las personas y tú volverás a sentirte bien, eso es el cielo. El reconocimiento y la gratitud también sanan. El agradecimiento es la brisa que puede avivar la chispa más diminuta y convertirla en una gran hoguera. 
Cuando agradeces incluso algo diminuto de una persona, eso se hace más grande. Cuando aprecias algo y te sientes agradecido, de acuerdo con la Ley de la Atención, se incrementa y multiplica. El juzgar y criticar impiden el crecimiento de las flores y puede llegar a matarlas. La gratitud es la luz del sol que permite que los pétalos se abran y florezcan. 

Nos envían desafíos porque éstos nos ayudan a crecer, cambiamos nuestra actitud hacia ellos. Toda situación difícil oculta el regalo de una lección. Nuestra tarea consiste en aprender la lección y apreciar lo que se nos ha enseñado. Si quieres que tu vida sea más feliz, sana y próspera. 
Activa la Ley de la Gratitud: el que seas positivo y aprecies las cosas, reconoce las bendiciones que se te han otorgado, se alegre, recuerda las cosas buenas de una persona, concéntrate en lo bueno de toda situación y persona, no escatimes en alabanzas, utiliza la palabra gracias con autenticidad, se cariñoso, atento y amable, reconoce tu magnificencia, celebra la vida y sé feliz. La gratitud atrae incontables bendiciones hacia ti. Reconoce tus bendiciones y observa como se multiplican.

Abrazo de viento a tu corazón.